Y sí, es cierto, hoy toca bajar el telón a este año, toca echar la vista atrás y ver todo lo que hemos vivido. Al fin y al cabo, lo único que vale son los buenos recuerdos, aquellos que te sacan una gran sonrisa cuando vuelven a la memoria, los malos deben ser aparcados para siempre, aunque de ellos, lo único que debemos aprovechar son las lecciones mostradas, ya que la vida es tan buena maestra que si no aprendes una lección, te la repite.
Sinceramente, este año que voy a despedir dentro de unas horas ha sido excelente. He escuchado atenta consejos durante horas, he seguido el tramo que me he marcado, he conseguido todos los objetivos que tenía con la ayuda de personas que querían lo mejor para mi y que a día de hoy pueden sentirse orgullosas, al igual que me siento yo de tenerlas en mi vida, personas que confiaron en mi y que no podía defraudarlas. He aprendido que quien no te aporta nada debe ser expulsado inmediatamente de tu camino. El bienestar,y el orgullo propio son cosas que conocí al exigirme. He conocido la felicidad en primera persona, he celebrado noticias por todo lo alto, he regalado sonrisas, sonrisas que sé que alegran a unos, y al mismo tiempo fastidian a otros tantos. He reído tanto que me ha faltado el aire, he conocido el llanto provocado por la emoción de un nacimiento, al igual que he llorado de alegría y por el contrario he sentido el peso de la impotencia. He tenido días de numerosos nervios, estrés y de morderme las uñas pero que dejaron paso a la calma y la paz..
Deseo que el año nuevo sea igual o mejor que el anterior, y deseo exactamente lo mismo que me deseen a mi. Pero eso sí, multiplicado por mil.
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